Desde la mañana temprano salieron al mar. Fueron rumbo al Sur-Este, como hacia la frontera con Brasil; le salieron al camarón rosado, típico de la zona de agua salada que se encuentra frente a las islas de la Coronilla y al Cerro Verde. Ya la mañana se despertó con las gaviotas alteradas –ya presagian el festín de la tarde- y mientras el sol del fin de la primavera levantaba, las chalanas remontaron el mar, algo picado y con viento de este para la pesca. Salieron todas, hace días se está dando abundante el camarón, el movimiento se nota, la gente que los limpia, los carros que van y vienen, movimiento intenso que rompe la calma usual. Los turistas compran el camarón en la boca de la embarcación, esta noche pintará en varias sartenes, camarón al ajillo. En casa, hay unos franceses que arribaron esta tarde, los mandé para la playa y regresaron con la bolsita de camarón, le di la receta y les regalé el “bon appetit”.
Disfruto cada año la llegada del camarón es la antesala del verano, es la antesala de muchas cosas, la comida de alguna gente, una imagen espléndida para los muchos turistas extranjeros que ya nos visitan, es el olor diferente en el pueblo que salen de las cocinas, es el día que se vende más vino, es disfrute, es vida, es ese tono especial de lo que sale del mar, de la gente que lo busca, del esfuerzo, de la nostalgia de un año más, viéndolo y disfrutándolo. Salió el camarón, vecina, véngase con el patrón y la familia y cómprelos sucios así me mete algún bigote debajo de las uñas, mientras escucha a Jaime cantándole a la farola. Salió el camarón en el Cerrito de los Pescadores, no se habla más ahora que de eso, arrímate el chupe que comienza la fiesta. Salute!

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