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| De visita al Cabo Polonio | |||||||||
Llegamos para “embarcar” a una hora determinada en los Jeep que entran, como siempre ocurre, la travesía se demora, intentamos entrar a pié, era tanto el entusiasmo; pero la caída de mis lentes, nos hizo regresar. Puntual entramos a las 20 horas, ya cayendo el sol sobre nuestras espaldas, el serpenteo del camino nos empujaba hacia la costa, la brisa –ya fresca-nos anunciaba la proximidad del océano. La impresión a la llegada al Cabo, es siempre magnífica, esos puntos blancos de las casas, ya con el faro encendido, un espectáculo renovado y especial. Esos rosados azulados, de siempre, sobre el horizonte hacen la visión casi mágica. Ya en la playa, y con el aire en los ojos y la sal en las narinas, el Polonio, todo, nos recibe y nos da la bienvenida. Rápidamente, como pudimos, bordeamos la punta este, hacia el faro, mientras el crepúsculo se alargaba, como esperándonos. Subimos por la ladera del faro, y caminamos hacia el oeste, donde el sol ya oculto, se despedía en sombras. En el inmenso horizonte y de pié los dos, una estrella fugaz nos paraliza, amplia lenta y de fantástico recorrido nos dejó sin palabras. Es de esos momentos, donde la piel, se eriza al igual que el alma y todo se detiene registrando el breve instante irrepetible.
Visité a Gladys en la Perla. Allí nos reuníamos con una barra de amigos y pasábamos nuestras vacaciones con nuestros hijos. Eran las épocas de la luz a batería y el baño con alcohol en la ducha. La hija de Gladys, jugaba con mi hija, había pocas nenas en ese tiempo, ahora estas chicas ya son grandes y con Gladis recreábamos esos tiempos y hablamos largo de aquellos instantes de nuestras vidas, tan diferentes y tan cercanas hoy. Y así el tiempo parece detenido y sin tiempo, las vivencia pasadas toman el fresco del lugar y lo hace más presente y cercano.
Ya de regreso en el camión, nos da la visión de alejarnos del Polonio, tuve la sensación, y lo fue siempre, que una inmensa nostalgia te envuelve cada vez que partes de él, y como siempre se abre la espera para otro retorno, que será con alegría y el saber de que allí, está un pedazo de uno mismo.
Que todo sea para bien, como decía Wimpi. Abrazo. |
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Hacía ya dos años no entraba al






HOLA CACHO, SE EXTRAÑAN MUCHO SUS COLUMNAS, TENDRIA QUE ESCRIBIR MAS SEGUIDO , YA QUE ES USTED UNA PERSONA DE VIVENCIAS INMENSAMENTE RICAS, NO CONOZCO EL POLONIO, HERMOSISIMO , SE NOTA POR SU RELATO, PERO HARE UN COMENTARIO, SOBRE UNA PARTE DE SU RELATO, DE LA QUE SI PUEDO HABLAR, PORQUE CONOZCO, USTED DICE:EN LAS EPOCAS EN QUE SE USABA EL ALCOHOL EN LAS DUCHAS, YO LE QUIERO CONTAR, QUE AUN EN EL INVIERNO PASADO SE USABA TAMBIEN Y ES VERDAD , SON COSAS QUE NO SE OLVIDAN, UN CARIÑO Y TODA LA FELICIDAD, DESDE MONTEVIDEO
Gracias por hacerme regresar, aunque sea leyendo su relato. Hermosas cada una de sus palabras. Tuve el placer de conocer ese magnifico lugar, que me albergó por unos cuantos días.
Magia, mucha magia, como cada rincón de Rocha.
En breve espero volver y disfrutarlo como lo hizo Ud.
Cómo siempre, saludos cordiales desde Buenos Aires, de una ferviente lectora.
Gracias por hacerme regresar, aunque sea leyendo su relato. Hermosas cada una de sus palabras. Tuve el placer de conocer ese magnifico lugar, que me albergó por unos cuantos días.
Magia, mucha magia, como cada rincón de Rocha.
En breve espero volver y disfrutarlo como lo hizo Ud.
Cómo siempre, saludos cordiales desde Buenos Aires, de una ferviente lectora.
hola cacho aca estoy siempre conectandome con el portal para leer esas historias increibles que usted cuenta .yo siempre les comento a los lectores que punta del diablo es un paraiso , pero se lo marabilloso que es el cabo . son muy lindas sus palabras .saludos a todos los lectores de el portal andrea de chuy