La noche del 24 de Agosto fue La Noche de la Nostalgia. Una vez en el año esta aparece y la gente insiste en disfrutarla y participar de ella como una fiesta. Quise profundizar, un poco en la palabra misma y su etimología.
NOSTALGIA nos llega e del griego que significa “regreso” y “dolor”, describe un anhelo del pasado. Es curioso pues, que la nostalgia se base en un “dolor que regresa” o lo que es más preciso de un recuerdo del pasado que arriba con dolor. Supongo que esto no siempre tiene que ser así, ya que los recuerdos que nos traen nostalgias, también puede ser de un tiempo de alegrías y bien pasar.
Particularmente, tengo nostalgias de este lugar, hace más de 25 años atrás. Me fui fabricando mi propia ilusión, con lo concreto del tiempo y sus propuestas firmes. Cosas que aún hoy, se pueden conservar intactas. Siempre dije que los amaneceres, el aire, las lunas y ese cansino tiempo que aquí transcurre, es diferente q en otra parte. Lo recuerdo aún, a pesar del tiempo, vívidamente feliz, nada de regresos de dolor, sino una visión honorable de un tiempo, que está cambiando, si, pero firme en el recuerdo vivo de un momento de mi vida.
Quiero transcribir, aquí algunos conceptos que encontré sobre la nostalgia.
“La nostalgia es referida comúnmente no como una enfermedad ni un campo del estudio, sino como un sentimiento que cualquier persona normal puede tener. La nostalgia es el sufrimiento de pensar en algo que se ha tenido y que ahora ya no se tiene. La nostalgia se puede asociar a menudo con una memoria cariñosa de la niñez, una persona, un cierto juego o un objeto personal estimado.”
La nostalgia no es definible científicamente; sin embargo, distintos pensadores han hablado de ella: Nostalgia es la sublimación en la indeterminación de un anhelo del alma desbordado en la materia, «como un amar sin ser amado y como un dolor que sentimos en miembros que no tenemos», por el cual se transparenta un «echar de menos lo que no somos», y la aceptación de que nos encontramos «incompletos y mancos».
La nostalgia es la obsesión aflictiva de estar en otra «parte» (dimensión), de superar la temporalidad y la finitud hacia la eternidad y la infinitud, de volver a la Ítaca de los orígenes (tal como los aluviones de su etimología griega – nosteo y algeo, «volver a la patria» y «sentir dolor» – lo indican). La nostalgia, aun cuando también identifica en sus límites un sentimiento de pérdida, no se refiere a una vivencia corriente, sino a una difusa, a la vez que persistente y dolorosa, como la que denota la palabra dor (< lat. pop. dolus < dolere). El hombre no está satisfecho de ser hombre, pero no sabe hacia qué regresar, ni cómo volver a un estado del que ha perdido todo recuerdo claro. La nostalgia que tiene de él constituye el fondo de su ser y, a través de ella, comunica con lo más antiguo que subsiste en él.
La nostalgia mezcla «un sentimiento de encanto ante el recuerdo del objeto ausente o desaparecido para siempre en el tiempo, un sentimiento de dolor ante la inasequibilidad de ese objeto, en fin un anhelo de retorno que quisiera transponer la enigmática distancia que separa el ayer del hoy y reintegrar el alma en la situación que el tiempo ha abolido
Como se ve claramente, la nostalgia denota, un momento del pasado que hace dudar del presente y esa felicidad perdida. Curiosamente, la gente sale, se divierte y espera un nuevo año para celebrar esa noche única, como atrapando la felicidad de la nostalgia, casi como una contraposición de algo que ya fue. También podemos estar muy cerca, también, de aquella famosa frase de Joaquin Sabina que proponía “no hay nostalgia peor que añorar lo que jamás sucedió”, quizás con esta afirmación, la nostalgia, también puede ser “un cuento que está por venir”, salud.
Pd: Mi noche de la nostalgia la pasé aquí en Punta del Diablo, Eduardo me invitó a su espléndido lugar, que es Nativos, y preparó una estupenda paella, adjunto las fotos, lo único que puedo decirle ”casi con nostalgia” que se repita, y pedirle que haga otra igual, próximamente. Gracias Pelao.

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Creo que tendríamos que estar de acuerdo, en que el sentido etimológico de la palabra, tiene poco que ver, con todas las cosas que nos endilgan, a los Uruguayos, que somos : grises, aburridos, insulsos, introvertidos, etc. etc., y resulta, que “inventamos”, una “noche”, en la cual se hacen reuniones y fiestas de las cuales participan en todo el pais casi 600.000 compatriotas. Me gustaria saber en que pais del mundo el 25% de la población sale de farra la misma noche ??? Abrazo
Leon
Hace ya algunos años,una noche en Castillos a 40 kilómetros de aquí,había un baile en la Escuela que no recuerdo su nro a la Vuelta del Palmar,un baile en el Club Social,la Boite Del Flaco y otro bailongo más por allí,mis cuentas dieron que la mitad de esta ciudad de 8.000 habitantes estaba de fiesta,superando quizas el 50 por ciento. De los cuatro fuí a tres,no me dió para llegar al último.abrazo.
Un día elegido para disfrutar buena música, encontrarte con amigos de la adolescencia y juventud,mostrarle a nuestros hijos como vestíamos en aquella época e integrarlos a nuestras vivencias.
Y como en los comentarios anteriores, en que día nos juntamos tantos uruguayos?
Me hubiera gustado estar en esa paella, se ve deliciosa
El escritor Hugo Burel,se animó a escribir un libro-recién editado- llamado “el club de los nostálgicos”,no llegó a mis manos aún,pero ya el título es interesante,la propuesta de formar un club,este se enlaza con el tema que hoy nos ocupa. La nostalgia parece como una fuerza casi incontenible en el ser,que atrapa e incansablemente genera tema,la nostalgia,que se celebra una noche,pero que nos pertenece los 365 días y supongo que así será hasta el fin de los días. Transcribiré a continuación, lo que dice la Cámara Uruguaya del Libro en su página web.
“La nostalgia es lo que queda después de que todo se ha perdido;
es una comarca sin nombre en donde las cosas permanecen a salvo del tiempo,
una máquina perfecta para que el miedo no nos haga enloquecer.
Es un país sin fronteras, un lugar cuyo mapa va modificándose mientras lo recorremos.”
El Club de los Nostálgicos es un canto a la nostalgia y es, al mismo tiempo, un cuestionamiento a la misma. Es una pregunta sobre quiénes somos. Y una respuesta, inexorable y real.
Al leerla, se vacila permanentemente entre lo que sucede y lo que no. Tal es la esencia de los recuerdos. Narración que parece ajena primero pero que, luego, a medida que se avanza en la lectura, ese “allí” se va volviendo un “aquí”.
Y esos personajes color sepia, que zigzaguean entre los recuerdos y la nostalgia, resultan estar al lado del lector o, incluso, ser él mismo.
Crónica de un Montevideo de hoy y de ayer. Suma de retratos -minuciosos y sensibles-: los nuestros. Y es un ensayo sobre por qué de esa nostalgia que nos sumerge; de su pro y sus contras. Porque, en definitiva, lo que les queda a los personajes de Burel, una vez que son despojados de sus recuerdos, es solo cuerpo y presente. Sin historia ni sustento, hay una nostalgia que lleva a la locura. La que pesa y hunde. La que construye identidad, pero mina el futuro. Y hay otra nostalgia indispensable e inevitable. La que rescata y salva. La que es mensaje que llega desde el paraíso. Walter y Pierángeli, se debaten entre las dos, mientras el siniestro Kairo, un nostálgico de manual, persigue y ambiciona las extrañas listas que ambos redactan.
En la que es su novela más ambiciosa, Hugo Burel describe un club subterráneo e invisible, que existe en paralelo con la vida cotidiana de Montevideo y cuya presencia es tan intangible como real.
El Club de los Nostálgicos indaga en cómo somos, mediante una implacable y desaforada metáfora que con ironía, humor, sentido crítico y ternura, desnuda un aspecto esencial de nuestra identidad.
Personajes
Walter: Un hombre que se reinventó a sí mismo una y otra vez a lo largo de su vida. Fue agente inmobiliario, encargado de un videoclub, visitador médico y, luego, desempleado. Un hombre cuya pasión y cuya obsesión consisten en crear listas: marcas desaparecidas, ciudades a visitar, actores o futbolistas de segunda línea… Un hombre que, ya sin trabajo, empieza a vender lo único que le queda: sus recuerdos. Y que, en ese tráfico perverso, se va perdiendo a sí mismo.
Pierángeli: Una mujer joven que lleva por nombre “un eco” antiguo: el apellido de Anna Maria Pierangeli, que fuera novia de James Dean, y suicida. Una mujer condenada así, por definición, a mirar hacia atrás. A ser un fantasma. Y que vuelve a serlo cuando conoce a Walter y éste la ve como la imagen de aquél primer amor de su juventud.
Kairo: Un hombre que transcurre sus días en bata en un apartamento del Palacio Salvo, rodeado de objetos antiguos, vitrinas y baúles viejos. Y que compra –y paga en efectivo– recuerdos y secretos ajenos. Un hurgador de las emociones de los demás. Un traficante implacable del pasado de otros y, en particular, del de Walter.